Soynica y “los granos blancos” de la nutrición
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A 30 años del descubrimiento de un tesoro
Soynica y “los granos blancos” de la nutrición
*****plió
30 años en Nicaragua y ha convencido a mujeres de zonas rurales sobre
el potencial nutritivo de la soya y hojas verdes.
Han aprendido a
elaborar el extracto foliar y a cultivar hortalizas en sus patios,
utilizando llantas de vehículos desechadas. Reciclan agua de lavaderos
o la retienen en cisternas, de la que cae de las lluvias durante el
invierno
Leoncio Vanegas END - OCOTAL, NUEVA SEGOVIA - 19:59 - 30/12/2009
¿Conoce usted el frijol soya? La pregunta suena frívola. El grano
abunda en los mercados por lo que supone goza de una gran demanda y se
le encuentra en supermercados hasta en leche en polvo, así como en
tortas que se asemejan a carne.
Muchas mujeres nicaragüenses, principalmente del área rural, saben
extraer de esta leguminosa blanca, un variadísimo menú de ricas comidas
y bocadillos. Asimismo, le reconocen como uno de los alimentos más
eficaces para combatir la desnutrición en la niñez por contener el 42%
de proteínas y 13% de vitaminas y minerales.
La pregunta no logró una respuesta exacta ni en altos funcionaros del
Ministerio de Salud, Minsa, y del Ministerio de Desarrollo Agropecuario
y Reforma Agraria, Midinra, que estaban al frente de estos entes
públicos a finales de 1979, cuando Lucy Morren, una belga que se
enraizó junto con este grano en Nicaragua, allá por los albores de la
Revolución Sandinista, necia, preguntaba si existía dicho alimento en
nuestro país.
“Nos había dicho el embajador en México que su país (Nicaragua) estaba
bañado de soya, pero era sorgo, como él era dentista, no sabía la
diferencia entre soya y sorgo”, rememoró la cooperante, en un acto con
campesinas de Madriz y Nueva Segovia, realizado hace unos días en la
comarca El Frayle, del municipio de Totogalpa.Misionera de la buena alimentaciónYa
en suelo de este país, Morren se afanó en buscar el grano que nadie
conocía. Bajo un clima de confusión la mandaron a todos lados a
continuar con la pregunta. En esa época, le dijeron que el grano se
cosechaba por montones en el departamento de Rivas, lo cual también era
falso.
Al final, se encontró unos 20 quintales en una bodega de Estelí, y con
eso inició la promoción de este nutritivo alimento entre familias con
un alto grado de pobreza y con niños que sufrían desnutrición severa.
La testarudez de Lucy la llevó a caminar kilómetros y kilómetros, bajo
el picante sol, para llegar a varias comarcas recónditas de Las
Segovias y de Rivas, inculcando el consumo de soya, tal como si fuera
una nueva religión. Así se quedó en Nicaragua, mientras sus amigos
aztecas y una joven italiana que le acompañaron, regresaron a su país,
porque al inicio no hallaron el grano blanco.
“Yo no puedo salir, tengo que quedarme hasta tener un grupo de
promotoras que puedan salir adelante. A los dos años, ya teníamos 300
promotoras en diferentes partes del país”, recordó los primeros retos
de su misión.
Así fue la génesis de la Asociación Soya de Nicaragua que *****ple 30
años de fundación, más conocida por sus siglas como “Soynica” una
institución no gubernamental que para 36 comarcas de Madriz y Nueva
Segovia, y otras zonas del país, es una referencia para familias
campesinas, sumidas en la pobreza y en la incertidumbre alimentaria,
aunada por la sequía.
Las oficinas para Madriz y Nueva Segovia, con sede en esta ciudad, está
a cargo de un equipo de mujeres profesionales en el campo de la
alimentación y agricultura alternativa, y lo coordina Azucena Antúnez.Frutos ayudan en la carestíaLa
mujer también ha sido incluida como productora de alimentos para que no
dependa absolutamente de lo que obtiene su marido, con el respectivo
riesgo de la irresponsabilidad paternal.
“Porque cada familia es una historia diferente, por el número de niños,
por enfermedad, por equis razón. Un familia tiene un hombre borracho y
no se compone; la otra, un hombre que es muy trabajador”, explica
Morren.
Agrega que es así como Soynica trabaja en comarcas marginales, donde
los procesos son más lentos “porque la gente necesita más educación,
mucha más relación personal e individualizada”, recalcó.
“Por las compañeras de Soynica, sabemos cocinar la soya y hacer el
extracto foliar, pero también hemos aprendido a tener nuestras propias
hortalizas en el patio, a sembrar en llantas y bancos aéreos la
cebolla, chiltomo, zanahoria, remolacha y tomate, cosas que antes tenía
que ir a comprar”, expresó doña Carmen Gómez, de la comarca El Frayle,
Totogalpa.
Los huertos son pequeños oasis verdes que contrastan con el ambiente
gris de los áridos patios y parcelas vecinas, golpeados por la sequía
que en muchos casos, ni siquiera permitió la germinación de la semilla
de frijol o de maíz, tanto en la etapa de primera como de postrera,
mientras los sembradíos de sorgo o millón se ven chamuscados por el sol.Aquí son útiles las llantas desechadasEn
casi todas las viviendas, atendidas por el organismo, se aprecian
llantas desechadas de camionetas y camiones, convertidas en macetas
para cultivar algún aditivo alimenticio. También en rústicos bancos de
madera montan los viveros para practicar un cultivo escalonado, y así
tener siempre las hortalizas.
En las partes secas de Madriz y Nueva Segovia, el agua escasea en el
verano, por lo que las plantas son regadas con agua que reciclan de los
lavaderos de ropa, después de pasarla por un filtro de piedra y arena.
Algunas mujeres, como doña Carmen, también mostraron cisternas que
Soynica y otros organismos han promovido en la zona, que son fosos
cubiertos de ladrillo y concreto, donde almacenan agua de lluvia que
retienen de los techos durante las precipitaciones de invierno.
“Ahí conservamos esa agua para regar las plantas y nos sirve hasta para
una emergencia”, enfatiza, en alusión a los temores de que el pozo
artesiano que abastece del vital líquido a 11 familias, baje a un nivel
crítico.
En otra comarca, San José, el huerto de hortalizas y árboles frutales
en florecimiento son los mimados de Juana de la Cruz, de 28 años,
porque ahí está en parte la alimentación de sus tres pequeños hijos, en
medio de la crisis provocada por la sequía.
“Ahorita tengo repollo, zanahoria, remolacha, rábano, pepinos, y me
sirve para toda la familia. Se los doy en ensalada o en fresco. Me
sirve, ya que no logramos sembrar nada por la falta de lluvias”,
comentó. Ella no escatima fuerzas para cargar el agua desde una
distancia de más de un kilómetro, porque todavía no se hace realidad un
proyecto de agua para la comunidad.
Las familias han sido capacitadas para que de forma natural combatan
las plagas en los huertos, y así han hecho popular el árbol llamado
madrial. De sus hojas extraen un jugo que mezclado con ajo lo aplican a
los plantíos para que la mosca blanca no los perjudique.Hojas con ricas sustanciasLas
mujeres atendidas por Soynica también conocen el proceso de elaboración
del extracto foliar y hasta se lo explican con soltura y claridad. “Yo
lo he sacado hasta de hojas de guayaba, pero también se puede de hojas
de chaya, yuca y ayote”, indicó Milagros Gómez Guerrero, de la comarca
Los Arados, jurisdicción de Mozonte.
Realizan una selección de hojas, les retiran las venitas y las pasan
por un molino de mano; luego, el jugo lo cuelan, y el líquido verdoso
lo ponen a calentar a fuego suave. “Allí sube una nata, como espuma,
eso lo sacamos y lo colamos en un trapo; entonces, lo que queda ahí, es
lo que llamamos extracto foliar”, explicó.
Esta sustancia verdosa, a manera de polvillo, la venden empacada en las
oficinas de Soynica. Un estandarte de esta institución muestra los
valores nutritivos de este sustancia: proteínas 57% y en cuanto a
minerales y vitaminas, el 23%.
“A los niños con desnutrición se lo agregamos en sopas, ensaladas o lo
damos con miel de azúcar. Varios niños de la comunidad hemos
recuperado, sólo nos queda uno. Todo esto lo hemos aprendido con
Soynica”, añadió Milagros.
Para mantener una motivación permanente y reforzar los conocimientos,
las promotoras realizan un programa radiofónico que lo difunden una vez
por semana en Radio Segovia, por donde las campesinas cuentan sus
historias y sus experiencias en el cultivo de hortalizas. Además,
abordan otros temas educativos como nutrición, lactancia materna,
estimulación temprana, agroecología, conservación de suelos,
diversificación de cultivos, género, liderazgo y consejería familiar.
La cooperante dice que este proceso de enseñanza es una manera de
contrarrestar el consumo de productos “chatarras”, que hoy día está
causando más desnutrición en la niñez por ser más vulnerable, además,
de las enfermedades que sufrirán cuando lleguen a la adultez.
Soynica continuará en tanto cooperación esté con Nicaragua
Morren ve positivo el futuro de la cooperación internacional con
Nicaragua. “En este momento, hay dificultad con Nicaragua, pero esto
tampoco va a durar. El tiempo que la cooperación esté dispuesta a
ayudar, (Soynica) va a poder seguir adelante y expandirse a otros
lugares donde no se ha podido ayudar a la gente”, promete.
Recordó que en el lapso de una recuperación suya por un pie que se
fracturó, inició los borradores para un libro que resumiera la historia
de la soya en Nicaragua y del trabajo impulsado por la institución que
ella dirige desde el nivel nacional.
Dice que solamente ha redactado los dos primeros años de trabajo, le
faltan 28 que han trascurrido en el tesonero esfuerzo en la promoción
de una alimentación sana y nutritiva. “No sé si voy a terminar este
libro que con tanto entusiasmo empecé. Creo que no”, rió, ironizando el
éxito que beneficiarias de Soynica le aplaudieron desde la sombra de un
frondoso ceibo de la comarca El Frayle, Totogalpa, que utilizaron como
auditorio en la conmemoración del 30 Aniversario.
Tomado de:
http://www.elnuevodiario.com.ni/especiales/65140
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